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Estancia en Rouen, por Iker

Iker Espinosa Bujardon

Iker Espinosa Bujardon · 2025-2026

Llegada

El viaje comenzó el día 27 de junio, cuando cogimos un taxi a las 5 de la madrugada para llegar al aeropuerto. Una vez allí, facturamos las maletas y subimos al avión. Fue un viaje de un par de horas bastante tranquilo. Al llegar al aeropuerto Charles de Gaulle, cogimos un autobús hacia Rouen. Después de caminar aproximadamente una hora con las maletas, por fin pudimos entrar en la que sería nuestra casa durante un mes.

Primeras impresiones

Los primeros días hizo mucho calor, algo que no impidió que pudiéramos disfrutar de la ciudad. La primera semana todavía no teníamos prácticas, así que la aprovechamos casi como si fueran unas vacaciones. Nos levantábamos, íbamos a comprar, paseábamos por la ciudad, descubríamos lugares nuevos y también descansábamos.

Lo primero que me llamó la atención fueron los horarios. La gente en Rouen hace todo muy pronto: desayunan, comen y cenan antes de lo que estábamos acostumbrados, y también es habitual que las tiendas cierren bastante temprano. Los primeros días se nos hacía extraño, pero poco a poco nos fuimos adaptando.

Otra cosa que nos gustó fue la arquitectura de la ciudad. La mayor parte de Rouen es muy bonita, excepto algunas calles de las afueras. Dependiendo de la zona en la que te encuentres, puedes ver edificios de estilo gótico, medieval normando o renacentista. Esto hacía que cada barrio tuviera una personalidad diferente y daba la sensación de estar descubriendo una ciudad nueva cada vez que paseábamos.

En general, las primeras impresiones fueron muy positivas. A pesar de tener que familiarizarnos con una ciudad y unas costumbres diferentes, desde el primer momento nos sentimos cómodos y con ganas de empezar las prácticas.

Las prácticas

Realizamos las prácticas en un campus educativo donde se impartían los tres tipos de bachillerato que existen en Francia: general, tecnológico y profesional. Me sorprendió mucho el tamaño del centro, ya que siempre había estudiado en institutos públicos más pequeños. Era un campus muy grande, con varios edificios y talleres, destinado principalmente a estudiantes de bachillerato.

El horario era de 9:00 a 15:00. Durante nuestra estancia participamos en el proyecto CanSat, que consiste en construir un pequeño satélite del tamaño de una lata de refresco y programar sus distintos componentes para que funcione correctamente durante la caída.

Como este proyecto se desarrolla durante varios meses y nosotros solo estuvimos allí un mes, no pudimos terminarlo. Aun así, aprendimos a utilizar herramientas como Tinkercad y Arduino, y programamos en C++ diferentes sensores, como el GPS, el acelerómetro, el sensor de temperatura y el de presión.

La mayor parte del tiempo trabajamos de forma autónoma. Los profesores no hablaban inglés y nosotros no hablábamos francés, así que a menudo nos comunicábamos mediante el traductor de Google. Aun así, conocimos a algunos estudiantes que sí hablaban inglés y, gracias a ellos, la comunicación fue mucho más sencilla y acabamos haciendo muy buena amistad.

Viajes y tiempo libre

Aunque no visitamos otras ciudades, aprovechamos el tiempo libre para descubrir Rouen. Durante las tardes y los fines de semana recorrimos gran parte del casco histórico, paseando por sus calles y visitando algunos de sus lugares más emblemáticos, como la Catedral de Rouen, el Gros-Horloge y la Place du Vieux-Marché.

El lugar que más me gustó fue la Place du Vieux-Marché. Es una plaza con mucho ambiente, rodeada de restaurantes, cafeterías y edificios con la arquitectura tradicional de la ciudad, lo que la convierte en uno de los espacios más agradables para pasear o descansar un rato.

Cuando no estábamos trabajando, aprovechábamos para caminar, hacer algunas compras o descubrir nuevos rincones de la ciudad. También pudimos probar algunos productos típicos franceses. Recomendaría especialmente la bollería francesa, que nos sorprendió por su calidad, y también los quesos, ya que tienen una gran variedad y un sabor excelente.

Conclusión

En general, esta experiencia Erasmus ha sido muy positiva. Me ha permitido conocer una nueva cultura, mejorar mi autonomía y vivir durante un mes en otro país. También he podido aplicar y ampliar mis conocimientos en un entorno diferente al que estaba acostumbrado.

Además de todo lo aprendido durante las prácticas, me llevo muy buenos recuerdos de Rouen, de la gente que conocí y de todos los momentos compartidos con mis compañeros. Sin duda, es una experiencia que recomendaría a cualquier estudiante que tenga la oportunidad de participar en ella.

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